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En el Museo de Arte Moderno ofreció una charla la especialista Teresa Arq.
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Una de las más imaginativas y permanentes artistas del siglo XX.
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Su obra seguirá sorprendiendo “por su misterio y belleza”, dijo la investigadora.
A un año de su muerte y a 95 de su nacimiento, la pintora y escritora surrealista Leonora Carrington (1917-2011) fue motivo de una charla, la cual estuvo a cargo de la especialista Teresa Arq. La sesión se llevó a cabo en días pasados en el Museo de Arte Moderno (MAM) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
Durante el evento, la investigadora puso de manifiesto el interés que sigue despertando la obra de Carrington, a quien se le reconoce como una de las más imaginativas y permanentes artistas del siglo XX por “su enigmático, místico y sorprendente trabajo pictórico”.
Recordó que la pintora surrealista también se destacó en el campo de las letras, como lo atestiguan las obras tituladas La casa del miedo, La trompetilla acústica y El séptimo caballo y otros cuentos, entre otras.
Según Arq, Carrington “es una artista fenomenal y universal”, por lo que su obra no tiene relación con fronteras, identidades o países particulares. Además de interesarle la pintura renacentista y los artistas flamencos, la representante del surrealismo “era una mujer culta y voraz lectora de ciencia ficción, magia y novela gótica”, señaló la especialista.
Para Arq, todas las pinturas de la artista nacida en 1917 en Inglaterra y fallecida el 25 de mayo del año pasado en la ciudad de México, siguen y posiblemente continuarán sorprendiendo a los espectadores de cualquier edad y nacionalidad “por su misterio y belleza”, sin dejar de lado su universalidad.
Recordó una frase aparecida en el libro La trompetilla acústica: “… los escritores siempre encuentran una justificación para sus libros, aunque no veo para qué uno tenga que justificarse por tener una ocupación tan tranquila y pacífica… los novelistas se siente avergonzados por escribir algún hermoso libro del que no se puede estar seguro que vaya a ser leído por nadie”.
Esa frase, dijo, representa muy bien el carácter de la pintora y escritora que sostuvo una relación amorosa con el pintor surrealista Max Ernst, 26 años mayor que ella, y que en medio de una enorme tensión sufrió un colapso y fue ingresada en un manicomio en la ciudad de Santander, España.
Recordó que posteriormente pudo escapar y establecerse en Lisboa, donde conocería al poeta mexicano Renato Leduc, con quien se casó en 1941. Éste la ayudó a viajar a Nueva York, donde se reencontró con Ernst y con la mecenas Peggy Guggenheim. En 1942 emigró a México y al siguiente año se divorció del escritor.
© INBA