Como parte de la serie discográfica Lo mejor del Palacio de Bellas Artes.
Con la muerte del tenor, finalizó un ciclo de la ópera mexicana: Octavio Sosa.
El siguiente volumen corresponderá al barítono Roberto Bañuelas.
El disco David Portilla, memorias sonoras, que aglutina las mejores actuaciones del tenor mexicano en el Palacio de Bellas Artes, se presentó en días pasados en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes,auspiciado por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Dicha grabación forma parte de programa de publicaciones titulado Memorias sonoras. Lo mejor del Palacio de Bellas Artes. José Octavio Sosa, productor del proyecto, señaló en entrevista que el disco es una compilación de grabaciones hechas de 1965 a 1990. Advirtió que “todo el material proviene de grabaciones de cinta de carrete, sobre conciertos que se ofrecieron en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes y que se digitalizaron y se les quitaron los ruidos”.

Resaltó que con él se cerró un ciclo en la ópera de México. “Portilla fue uno de los más importantes íconos de la ópera mexicana, muy querido y respetado, aplaudidísimo por el público. Con él se cerró un ciclo. Aunque había, y hay, buenos tenores, la figura de David Portilla era única e irrepetible; por eso, ante su muerte se terminó esa gran figura, esa gran genialidad, que existen otros cantantes, pero la de él era muy particular”.
Sobre el disco, apuntó que los once tracks corresponden a lo más representativo de las actuaciones de David Portilla, y que el disco es el tercer volumen de la serie Lo mejor del Palacio de Bellas Artes. Sosa adelantó que el siguiente título estará dedicado al maestro Roberto Bañuelas, el cual se presentará en los meses de agosto o septiembre, en la Sala M. Ponce de dicho recinto.
Por su parte, el barítono Roberto Bañuelas resaltó que David era el tenor lírico de voz potente y timbrada, que abordaban la interpretación vocal y escénica con grandeza y pasión. Su actuación escénica, la derivaba como consecuencia de la expresión, paralela al pensamiento del personaje, y la música completaba el discurso dramático”.

Conocí a David Portilla en laAcademia de la Ópera de 1960. Esperaba él su turno para ensayar, y cuando le correspondió, fue fascinante para el que lo escuchamos. Ante tan cualidades, y una vocación decidida de pensar, expresarse y realizarse en el canto artístico de la ópera, pronto se le vio aparecer en una sucesión de obras, que constituyeron la categoría e importancia de su repertorio.
El tenor, Alfredo Portilla, hijo del desaparecido tenor, recordó a su padre en distintos momentos de su quehacer, y expresó que ”era tan profunda y grande su pasión por el canto artístico, que, con sentimiento y convicción profunda, afirmaba que el cantante muere cantando”. El nuevo volumen incluye fragmentos de las óperas Andrea Chénier, Tosca, Lucia di Lammermoor, Macbeth, La traviata, Turandot, Caballería Rusticana,Pagliacci y Der Fliegende Hollander, donde interviene el tenor.
© INBA

