En el teatroAborda la realidad de los niños soldado, que no puede ocultarse
En colaboración con Le Carrousel de Quebec y el Théâtre d’Aujourd Hui
Martes 13 de noviembre 17:00 horas. Aula Magna José Vasconcelos, del Cenart
El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) anuncia la lectura dramatizada de El ruido de los huesos que crujen, obra de Suzanne Lebeau, traducida por Cecilia Fasola y dirección escénica de Gervais Gaudreault, en el marco de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, con las actuaciones de Luisa Huertas, Ana Ligia García y David Calderón,en modalidad de lectura dramatizada. La cita es en Aula Magna José Vasconcelos del Cenart este martes 13 de noviembre a las 17:00 horas
Una obra perteneciente al repertorio de la Compañía Nacional de Teatro, del INBA, se realizó en colaboración con la Compañía Le Carrousel de Quebec y el Théâtre d’Aujourd Hui.
Al volver de una gira con Le Carrousel, llegó a manos de Suzanne Lebeau un documental sobre niños soldados que incluía la historia de un chico de 14 años que había pasado la mitad de su vida con los rebeldes. La dramaturga se preguntó: “¿Los adultos tenemos derecho de hablarles a los jóvenes de estas cosas difíciles del mundo que probablemente no conocen?”.
“Tienen el deber de hablarnos de esto”, fue la postura de los niños de Quebec, impulsando a Lebeau a crear El ruido de los huesos que crujen. Al presentarla como lectura para un auditorio de padres e hijos, las impresiones de los jóvenes coincidieron en que la obra es un himno a la esperanza y al futuro, mientras que los adultos se sintieron acusados de no tener corazón y de ser indiferentes al destino de estos niños.
“Los niños sienten que es importante decir no a la violencia. Al huir, el personaje de Elikia, la niña soldado, toma un riesgo increíble por el pequeño Joseph, aunque hay momentos en que no puede soportar más, como se percibe en las anotaciones de su cuaderno, porque tuvo una infancia que le dio el coraje de huir”, explica la dramaturga.
Es importante dar a conocer estos temas en el teatro, asegura Lebeau: “Actualmente, por las imágenes que transmite la televisión, podemos ver la guerra en directo, observar cómo mueren las personas y pensar que mañana habrá dos veces más. En el teatro una bofetada tiene el poder de muchas guerras transmitidas en vivo”, comenta.
La dramaturga sugiere que los espectadores sean mayores de diez años, momento en el que el niño se abre al mundo: “A partir de los nueve, los jóvenes descubren su entorno inmediato, luego su ciudad y su país; entre los nueve y los diez años se interesan en su entorno y en lo que ahí puede pasar”.
La puesta en escena ha ofrecido funciones en la ciudad de México, Nayarit y San Luis Potosí.
En El ruido de los huesos que crujen hay dos planos, dos temporalidades distintas: el actual, en el que se encuentra la enfermera, y el pasado, en el que huyen los niños, por lo que se plantean dos espacios: el bosque de la huida y un espacio mental que no tiene nada que ver con la realidad y que hace referencia a impresiones visuales más que a lugares precisos.
Detrás de una gasa y casi en la oscuridad, Elikia y Joseph, los niños, están semiocultos para el espectador, debido a que la idea es que “los personajes se adivinen, más allá de poder verlos”. Para el director del montaje, Gervais Gaudreault, la realidad de la vida de los niños soldados es tan difícil y tan fuerte, que casi no se puede mostrar en la escena; la ventaja es que “la fuerza del teatro es el poder de la evocación”.
El segundo espacio es habitado por Angelina, la enfermera, quien está en un espacio más sonoro que físico, reducido a una mesita y una silla. Su texto debe dar la impresión al público de que ella no está actuando, sino dando un testimonio. Hay una gran proximidad emotiva entre el personaje y la actriz Luisa Huertas, quien ha tenido la libertad de interpretar al personaje de acuerdo a su forma de estar en la vida.
La violencia
Al cuestionar la forma en que el público reacciona a este montaje, dependiendo del nivel de violencia que viven en sus ciudades, el director expresó no encontrar diferencia en la percepción de los espectadores: “Hay menos violencia en Canadá, pero estamos conscientes de que la hay en el mundo entero. Nos hemos presentado en Francia, Québec y Guanajuato (dentro del Festival Internacional Cervantino) y los públicos reaccionan de manera similar, debido a la fuerza de la obra que no puede dejar espectadores insensibles al tema”..