ANALIZA FRANCÉS MICHEL BUTOR OBRAS DE ARTISTAS MEXICANOS

Vista de París y Travesuras del Amor, los cuadros elegidos por el ilustre pensador francés.

Jaime Moreno Villareal, presentador del invitado, compartió escenario con Butor.

Invitado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el escritor francés Michel Butor visitó el Museo Nacional de Arte (MUNAL) para ofrecer una conferencia en la que analizó las obras Vista de París, de Francisco de Paula y Mendoza, y Travesuras del amor, de Manuel de Ocaranza, ambas obras del acervo del recinto, realizadas por dos pintores mexicanos con estrechos vínculos con la Francia del siglo XIX.

Fue la tarde del martes pasado cuando Butor estuvo en el Auditorio Adolfo Best Maugard del MUNAL, acompañado de Jaime Moreno Villareal, con quien entabló un diálogo a fin de introducir a los dos pintores analizados por el francés. La moderación estuvo a cargo de Miguel Fernández, director del MUNAL.

Francisco de Paula y Mendoza y Manuel Ocaranza tuvieron relación con Francia, específicamente con París, pues ambos viajaron a la Ciudad Luz, Ocaranza en los años setenta y De Paula a finales del siglo XIX, con sendas becas otorgadas por el gobierno mexicano, explicó Fernández Félix.

El erudito francés, Butor –aseguró Fernández– ha defendido el vínculo que posee la pintura y la textualidad, señalando que la experiencia en la pintura contemporánea demuestra que “nunca vemos los cuadros solos, nuestra visión jamás es una pura visión; escuchamos hablar de obras y leemos crítica de arte y nuestra mirada siempre está cercada, separada por una ola de comentarios”.

Otro aspecto, al que se refirió Moreno Villareal, fue la actividad creativa y profesional de Butor, pues resaltó que fue su experiencia de crear poesía para describir o hablar de obra plástica, lo que lo convierte también en un poeta francés importante.

En una amena charla, Butor explicó que Moreno Villareal lo visitó en su casa llevando dos catálogos de obra plástica mexicana del siglo XIX, de la que eligió los cuadros de los que podría hablar: “Me parecieron muy diferentes a los demás, pensé que podría decir una cierta cantidad de cosas acerca de esas obras”, comentó el escritor galo.

Y señaló de entrada: “Ambos cuadros: Vista de París, de Francisco de Paula y Mendoza, y Travesuras del amor, de Manuel de Ocaranza, nunca los había visto directamente; los miré por vez primera hoy”.

Del primero de ellos dijo que existen muchas vistas de París, pero casi todas representan el interior de la ciudad. “Ese cuadro, Vista de París, es muy particular, porque la vista es del exterior, y no conozco otro cuatro que represente París de esta forma tan particular”.

“La ciudad parece una planicie de casas, donde resaltan elementos verticales, en este caso, desde luego, la Torre Eifel, que nos indica que la pintura fue hecha después de 1889, luego de la Exposición Internacional; ahí podemos ver dónde estamos y en qué fecha estamos”.

Agregó: “El cuadro parece una línea de escritura, un monumento que indica la fecha es el Palacio del Trocadero, que simbolizaba una victoria del ejército francés con Napoleón III. Fue destruido para la exposición internacional de 1837”.

Además, aseveró que el cuadro muestra la Basílica del Sagrado Corazón aún en construcción, terminada a principios del siglo XIX. Reconoció las Torres de Notre Dame, el panteón o incluso el Arco del Triunfo: “palabras que son monumentos, monumentos que son palabras, que nos dicen mucho de la historia de lo que se representa”.

Finalizó con la idea de que se trata, sin duda, “de un paisaje muy mexicano, una forma mexicana de ver la ciudad de París, de una manera muy precisa”.

Luego se refirió al “encantador niño” que representa al amor: Travesuras del amor, de Manuel de Ocaranza. “Es una alegoría que representa las fuerzas de la naturaleza o las fuerzas de nuestra alma con un personaje humano; es Eros-Amor, un amor encantador con una expresión traviesa”.

Realizado a finales del siglo XIX, está vertiendo una gota de veneno mortal, es decir, es una advertencia: desconfía del amor, el amor puede causar la muerte; es decir, hace alusión a la relación entre Eros y Tánatos que para entonces no era tan común, dijo el erudito francés.

“La alegoría está realizada delante de una naturaleza muerta, muy tradicional de la época, que nos recuerda que somos mortales y debemos abandonar los placeres de la vida representada por un cráneo, y en el cuadro encontramos tres de ellos.

“Si vinculamos un detalle más otro, entonces podemos ir elaborando un texto. Este encantador niño posee un velo azul que es una alegoría del amor con un arco, con un estuche que lleva sus flechas con las cuales va a herir los corazones.

“Al amor siempre se le representa con alas y plumas, pero las alas de este pequeño son alas de insecto, de mosquito, que nos molestan o persiguen; no es un amor normal, es encantador y diabólico por las alas de insecto que nos va a perseguir.

“El cuadro posee los elementos que aluden los sentidos, la vista y olfato se evoca por las flores, la comida el gusto, en este caso las flechas al tacto; no aparece el oído, aunque puede ser la mandrágora que es mágica y grita”.

Y concluyó: Este ejercicio trata de encontrar las palabras que están bajo las imágenes de los cuadros, con atributos simbólicos de cada tema, religioso, arquitectónico, etc., que se complementa con la cultura en la medida de saber de historia o filosofía, ir conociendo poco a poco qué representa cada obra, que la pintura recobre vida, diferente cada vez, pues todos los cuadros tienen cuadros dentro de otros más, el peligro es pensar que este ejercicio es algo sencillo.

© INBA

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