Inició este jueves temporada de puesta en escena hasta el 3 de febrero
Con actuaciones, iluminación, escenografía y música magistrales, bajo la dirección de Lorena Maza
Antiguamente, escribió el arqueólogo Samuel Noah Kramer, Inanna, la reina del cielo, diosa tutelar de Uruk, quiso aumentar el bienestar y la prosperidad de su ciudad y hacer de ella el centro de la civilización sumeria, realzando de este modo su nombre y su prestigio. Decide, por lo tanto, dirigirse a Eridu, donde Enki, señor de la sabiduría vive en el seno del Abzu, el Abismo de las Aguas, el cual retiene todas las leyes divinas (los me).
En el presente, Inanna es una obra teatral novedosa que, bajo la dirección de Lorena Maza, reinició su temporada este fin de semana en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque, donde fue ampliamente aplaudida por el público que abarrotó el espacio perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
Considerado como el poema más antiguo de la humanidad, Inanna fue traducido del inglés por la poeta mexicana Elsa Cross, quien respetó su verdadera esencia y mostrando su belleza y fuerza; y contó con el diseño de escenografía e iluminación a cargo de Alejandro Luna, haciendo que la obra teatral adquiriera momentos de grandeza y espectacularidad.
Sorprenden también las actuaciones de Angelina Peláez, Renata Ramos, Julieta Egurrola, Emma Dib, David Calderón, Nicolás Sotnikoff, Carmen Mastache, Teresa Rábago, Rocío Leal, Jerónimo Best, Jorge Ávalos, Kaveh Parmas y Sergio Rued, algunos de ellos interpretando a varios personajes, demostrando su enorme versatilidad.
Digna de elogio es la música interpretada por Mehdi Molaei, Nahoko Kobayashi, Manuel Mejía y José Pablo Jiménez, quienes crearon todo un concepto interesante y original.
Conjugando el pasado inmediato con el pasado más remoto, la obra transcurre en dos tiempos, como si todo fuera parte de la imaginación del arqueólogo Samuel Noah Kramer, autor del mítico libro La historia empieza en Sumer y a quien también se le debe la traducción al inglés de los textos originales que integran Inanna.
En la obra teatral no se dejan de lado los mitos que aparecen en casi prácticamente todas las religiones de la humanidad: el descenso al inframundo, la resurrección, la lucha del bien y del mal, la sumisión, el sufrimiento y otros temas que son tan antiguos que se pierden en la noche de los tiempos.
Samuel Noah Kramer escribe en su libro La historia empieza en Sumer que el poema Inanna, traducido por él en inglés, “es un cuento encantador de unos dioses humanos, demasiado humanos”.
Y en efecto no se equivoca, pues en la obra teatral aparecen los antiguos dioses sumerios como seres caprichosos y en ocasiones violentos y vengativos, rasgos que posteriormente se encontraran en las teologías griega o egipcia. Al final los dioses caen en las manos de lo eterno.
Según los Himnos babilónicos, “Ishtar, titular del planeta Venus, conocida entre los sumerios como Inanna, Ninni, Nin o Nana (Señora del cielo), a quien las escuelas teológicas hacen descender de diferentes padres divinos, según las épocas, encerró en su divinidad (de contenido muy complejo), un doble significado, ya que fue considerada diosa de la guerra ( con rasgos crueles en ocasiones) y diosa del amor (en todos sus matices) y principio a un tiempo masculino y femenino”.
Todos esos rasgos contradictorios aparecen muy bien retratados en la obra teatral Inanna, que estará en los horarios habituales hasta el 3 de febrero en el Teatro El Galeón del INBA.